Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida. y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra. (Oseas 6:3).
Estamos viviendo en medio de los peligros de los últimos días y debemos limpiarnos de toda impureza y vestirnos con el manto de la justicia de Cristo.
La obra de Dios debe llevarse adelante con constancia.
Hemos de poner nuestro cuerpo, alma y espíritu en sujeción a Cristo.
A menos que hagamos esto, estará en peligro la salud tanto del cuerpo como del alma.
Dios desea que cada día
sus obreros comprendan cómo razonar lógicamente de causa a efecto, llegando a conclusiones sabias y seguras.
Desea que ellos fortalezcan la memoria.
No podemos permitirnos cometer errores.
Hemos de sentarnos como niñitos a los pies de Cristo, aprendiendo de El cómo trabajar exitosamente.
Hemos de pedir a Dios juicio sano y luz para impartir a
otros.
Necesitamos el conocimiento que es fruto de la experiencia.
No deberíamos permitir que pase un día sin crecer en
el conocimiento de los asuntos temporales y espirituales.
No hemos de plantar estacas que no estemos dispuestos
a levantar y plantar aún más allá, más cerca de las alturas a las que aspiramos
ascender.
La educación más elevada consistirá en adiestrar la mente para avanzar día a día. La finalización de cada día debería hallarnos una jornada más cerca del galardón del vencedor.
Nuestro entendimiento ha de madurar día tras día.
Día tras día hemos de llegar a conclusiones que
producirán una rica recompensa en esta vida y en la vida venidera.
Al contemplar diariamente a Jesús, en vez de mirar lo que nosotros mismos hemos
realizado, haremos decididos progresos en el conocimiento tanto temporal como espiritual.
El fin de todas las cosas está a las puertas.
No debemos permitir que lo que hemos realizado ponga
el punto final a nuestro trabajo.
El Capitán de nuestra salvación dice: Avancen.
"La noche viene, cuando nadie puede
trabajar" (Juan 9:4).
Hemos de crecer constantemente en utilidad.
Nuestras vidas han de estar siempre bajo el poder de Cristo.
Hemos de mantener nuestras lámparas alumbrando brillantemente.
La oración es la herramienta del éxito establecida por
el Cielo.
Exhortaciones, peticiones y ruegos entre hombre y hombre, mueven a
los hombres y desempeñan una parte en el control de los asuntos de las
naciones. Pero la oración mueve al cielo.
Sólo ese poder que viene en respuesta a la oración hará a los
hombres sabios en la sabiduría del cielo y los capacitará para trabajar en la
unidad del Espíritu, unidos por el vínculo de la paz.
La oración, la fe y la confianza en Dios ponen en juego un poder divino
que coloca las maquinaciones humanas en su verdadero valor. cero...
El que se ubica a sí mismo donde Dios puede iluminarlo,
avanza, por decirlo así, de la parcial oscuridad del amanecer hasta el pleno resplandor del
mediodía. -Australian
Union Conference Recorder, 1º de noviembre de 1904. RJ151/EGW/MHP 152
AUDIO. https://www.youtube.com/watch?v=0drt1bRtZ-o&list=PLtrFh-HO7ogCN7TYCzWFldOpHDCN8XOF7&index=25&pp=sAQB

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